CUANDO LA PAREJA SE PIERDE ENTRE OBLIGACIONES: LA CRISIS SILENCIOSA TRAS LA CRIANZA Y EL TRABAJO.

La llegada de los hijos, el aumento de responsabilidades laborales, y la acumulación de roles dentro del hogar suponen uno de los mayores retos para la vida en pareja.

Lo que en un principio se vive como un proyecto común, con el paso del tiempo puede transformarse en una autentica supervivencia diaria donde la relación queda relegada en un segundo plano.

Estas crisis no aparecen de forma repentina, se van gestando poco a poco, en silencios prolongados, agendas llenas de desconexión emocional, preferencias por las relaciones sociales…

EL ORIGEN DEL DESGASTE: TIEMPO, ROLES Y SOBRECARGA EMOCIONAL

Uno de los factores más frecuente en las crisis de pareja es la falta de tiempo compartido de calidad.

La crianza exige presencia, energía, y atención constante; el trabajo aporta estabilidad económica, pero también estrés y agotamiento; los roles familiares (madre, padre, trabajador, cuidador..) se superponen hasta dejar poco espacio para el “nosotros”.

A esto se le suma, en muchos casos, la dificultad para delegar. Cuando uno o ambos miembros asumen una carga excesiva de responsabilidades, aparece el cansancio crónico, la sensación de estar solo/a y el resentimiento. La pareja deja de ser un apoyo para convertirse en un compañero de logística.

CUANDO NO SE HABLA, SE ACTÚA

La falta de comunicación emocional es una de las consecuencias más claras de esta sobrecarga. Las conversaciones se vuelven funcionales y rutinarias, (“¿Has recogido a los niños?, ¿Has hecho la cena? …) y desaparecen los espacios para expresar necesidades, miedos o malestar.

Todo esto, lleva a algunas personas a buscar fuera lo que no encuentran dentro: atención, validación emocional, reconocimiento o conexión.

La más conocida y más común…la infidelidad. Más allá del acto en sí, suele ser un síntoma de una relación que lleva tiempo desconectada, y no siempre responde a la falta de amor, sino a la falta de vínculo.

LA INFIDELIDAD Y LA DISTANCIA COMO SEÑALES DE ALARMA

La infidelidad y frialdad afectiva no son el origen del problema, sino su consecuencia. Son señales de que la pareja ha dejado de mirarse, de escucharse y de cuidarse. En otros casos, la crisis se manifiesta a través de discusiones constante, evitación del contacto, falta de intimidad o sensación de vivir “como compañeros de piso”.

Cuando esto ocurre, es habitual que aparezcan sentimientos de culpa, fracaso o miedo a romper la familia, lo que puede llevar a prolongar el malestar en silencio.

RECUPERAR LA PAREJA: DEL “YO PUEDO CON TODO” AL “LO HACEMOS JUNTOS”

Superar una crisis de este tipo implica un cambio profundo en la dinámica relacional y personal.  Siempre desde una mirada consciente, sin reproches y desde el corazón. Reconectar no implica grandes gestos, sino cambios pequeños pero constantes.

Es necesario:

  • Perdonar y perdonarse.
  • Revisar roles y carga mental, aprendiendo a delegar y a compartir responsabilidad de forma más equitativa.
  • Crear espacios intencionales para la pareja, aunque sean breves, donde el foco de atención no sean los hijos ni las obligaciones.
  • Reconstruir la comunicación emocional, expresando necesidades y escuchando sin defensas.
  • Entender la crisis como una oportunidad de revisión, no como un fracaso.

ACOMPAÑAMIENTO TERAPEUTICO COMO ESPACIO SEGURO

La terapia ofrece un espacio neutral donde poder comprender qué ha ocurrido, cómo se ha deteriorado el vínculo y qué necesita cada miembro para volver a sentirse parte  de la relación. 

No se trata solo de “arreglar” la infidelidad o mejorar la comunicación, sino de reconectar desde un lugar consciente y realista.

Muchas parejas no fracasan por falta de amor, sino por falta de tiempo, apoyo y herramientas.

Cuidar la pareja no es un lujo, es una necesidad. Cuando la relación se fortalece toda la familia se beneficia. Reconocer la crisis a tiempo y pedir ayuda puede marcar la diferencia entre distanciarse definitivamente o volver a encontrarse.

 

 

 

 

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